Combatir los prejuicios.

La mayoría de la gente piensa que los conflictos socio políticos y las guerras civiles son por culpa de los ideales y los trapos de color. Y, por eso, están enfrentados, pero, en realidad, la raíz es de los prejuicios porque es una guerra donde entra en conflicto lo moral contra lo legal.

Lo moral es tan relativo como la perspectiva de cada persona que expone su opinión, y lo legal es la recopilación de ideas que generan una teoría donde conviven todas las opiniones expuestas  que deben cumplir ciertos requisitos básicos de tolerancia y respeto entre sí. En caso contrario, se desencadena el caos y el desorden por darle prioridad a todas las opiniones sin filtro democrático.

Otra confusión civil, típica de los prejuicios, es confundir la defensa de la democracia directamente con el derecho a decidir. Cuando, en realidad, es un efecto posterior al acuerdo. Si no hay acuerdos morales, no habrá decisiones legales. Como en toda relación social, hay un afecto y un defecto, en el caso civil el afecto es el exceso de confianza y el defecto ‘abrir la boca más que la mente’.

Los prejuicios suelen destacar más cuando son negativos más que cuando son positivos, por eso hay que estar atento en la forma de ejecutarlos para evitar malentendidos y bromas que puedan terminar en disputas y debates, casi siempre absurdos porque no son nada productivos. Los prejuicios dependen mucho de nuestras costumbres, educación, cultura, etc, y terminan reluciendo cuando se mezclan dos o varios individuos con puntos de vista diferentes y/o opuestos.

La clave para no malinterpretar los prejuicios está en mantener una actitud positiva y asertiva, buscando soluciones desde el “yo interno”, en lugar de buscar excusas o culpabilizar al “tú externo”. De esa manera podremos comprender mejor la postura de nuestro interlocutor para reafirmar o rectificar la nuestra propia.

Evitando, por supuesto, los pensamientos “del qué dirán” y los contraataques defensivos, escuchando atentamente para que nuestro cerebro pueda digerir la información con el oxigeno que reciba de nuestro corazón. (Una buena práctica es contar hasta diez cuando la sangre no llega bien al cerebro).

Creo firmemente que el origen de los prejuicios viene dado por la falta de comprensión de algunos conceptos que, debido a la riqueza y evolución del vocabulario, se utilizan como sinónimos y se perciben como antónimos. Dado que algunas palabras pueden variar su significado según el contexto.

No debemos juzgar nunca a las personas, ni confundirlo con sus intenciones, acciones o conciencia según el momento o el contexto dados, ya que todo el mundo tiene el derecho de aportar su integridad a la sociedad, al menos hasta que atenta contra la integridad de otra persona o grupo de personas.

Lo único que es juzgable y un derecho a ser cuestionable en democracia, son los hechos, las palabras o las acciones, para determinar las intenciones y el contexto empleados, y si merece la importancia que se le haya dado.

Pero el conflicto interno que promueve el ser humano, entre el instinto narcisista por sobrevivir y  el razonamiento crítico por evolucionar, le hace ir más allá descontextualizando situaciones por confundir conceptos mal empleados que dan lugar a malentendidos, consciente o inconscientemente.

Por ello, es tan importante equilibrar la (re)educación emocional como profesional.

3 comentarios en “Combatir los prejuicios.

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