Hacerse mayor y sentir nostalgia no es tan malo como nos hacen creer algunas falsas creencias subjetivas, es recordar con cariño los principios que nos inculcaron nuestras respectivas culturas, costumbres, educaciones, etc.
A pesar de los años, recuerdo la noche y el día de reyes con la misma ilusión que cuando tenía 6 años, antes tengo los recuerdos muy borrosos ya. La semilla empezaba a cultivarse a partir de octubre y noviembre según iban apareciendo catálogos y anuncios de juguetes. Ya en diciembre, con los festivos y el día de la lotería nacional, explotaba esa ilusión ingenua con el día de Navidad y las festividades respectivas de cada región. El día de reyes se esperaba con una mezcla de esa misma ilusión y tristeza porque es el final de la época más mágica del año.
De niño vivía la noche de reyes como un evento de lujo o alto standing, no por los bienes materiales en sí, que no es que fueran lo más lujosos ni detallados del mundo, sino por las expectativas de esa inocencia que nos caracteriza antes de que la experiencia vaya desenmascarando la realidad del conocimiento.
Desde una perspectiva actual y más moderna, echando la vista atrás, es evidente que antaño podría decirse que era más humilde o cutre pero, precisamente, donde reside la autentica magia de la navidad está en las expectativas de esa inocencia que caracteriza a la infancia. Y, al margen de los cambios imprescindibles de cada generación, el marketing de guerrilla está enterrando la esencia de la verdadera magia, con el fin de vender y vender y vender.
Las navidades del 95 fue cuando me contaron la verdad, un poco como castigo por mis malas notas del primer trimestre y con el fin de ponerme las pilas, aún y así, seguíamos manteniendo la magia con más conciencia de las circunstancias de cada momento. Incluso, a inicios de los 2000’s, tuve que hacer una sustitución representando a uno de los reyes magos en mi pueblo y el hecho de sentirme parte del entramado de la magia, la ilusión de la infancia desde «el otro lado», la perspicacia de los adolescentes, la admiración y desengaño del resto de adultos, etc. me hizo sentirme realmente especial en mi vida y ayudó a seguir manteniendo viva la esencia de la magia de la navidad por el resto de mis días, a pesar de los daños sociológicos.
Por eso, en la actualidad, a raíz del año 2010 aproximadamente, que fue cuando percibo que la Navidad la estaban convirtiendo en un evento consumista más que altruista, con la excusa de renovar antes que morir. La moda excéntrica llegaba a los trajes de los reyes y pajes, la tecnología cambió los tractores y plataformas por carrozas reales de cuento de hadas, los caramelos se convirtieron en proyectiles patrocinados y medallas del honor, y el momento de entregar la carta a los Reyes, se convirtió en un pase de modelos o una gala de premios con la excusa de la solidaridad.
A pesar de los años y de los daños, con la edad no solo he aprendido a conservar la verdadera esencia de la magia y los sentimientos humildes sino que, he aprendido a realizar deseos prácticos y útiles para el resto de los 365 días. Desde ese pequeños útiles más materiales que no podemos permitirnos individualmente hasta esos deseos colectivos, en lugar de desear la paz, deseo que todo el mundo adquiera la responsabilidad de desarrollar la autoestima para ser capaces de hacer frente a las adversidades y mantener la esencia de la magia de la navidad como cuando eran pequeños.
El verdadero lujo de la vida no son las ostentaciones materiales,
sino la esencia de las perspectivas mágicas que modifican la realidad.
#ReflexionesNinja
Descubre más desde The Kemix
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.