Hay muchas clases de vivir una aventura, independientemente de la ruta, lo que variará mucho el dinero invertido. Tampoco hay ninguna ley escrita de cuanto o como invertir, lo que si hay muchas creencias sesgadas según el interés de cada contexto. Por supuesto, tener una aventura autosuficiente, es mucho más barato y sano que cualquier aventura romántica, así que, si alguien estaba leyendo con la «mente sexy», se equivoca porque no van por ahí los tiros.
Bromas aparte, por ejemplo, en el Camino de Santiago si no inviertes en albergues de «donativo», públicos, privados, hostales y hoteles, en ese mismo orden, no te consideran peregrino según quién, como si ser o no ser peregrino dependiese de la opinión ajena.
Luego está la organización del Consorcio del Camino del Cid, que es una organización turística ejemplar y mucho más trabajada que la organización del Camino de Santiago con más instituciones, aunque es normal, cuando hay tantas instituciones y grupos por doquier se dispersa mucho la información real.
Pero vamos por partes, como dijo Jack el destripador, el principio básico para invertir en una aventura, antes de empezarla, hay que tener en cuenta el equipo. Con que equipo contamos y que necesitamos adquirir o renovar. Soy partidiario de usar lo que tengamos o reusar las prendas «viejas» que nunca encontramos el momento para ponernos en el día a día.
Al fin y al cabo, durante una aventura, entre andares solitarios y sudores, se pierde el glamour cotidiano y creo que nadie está para remilgos, especialmente un apasionado de la aventura y los caminos. Así que, reusa lo que tengas y lo que te falta, la infraestructura del camino te proveerá y, en la próxima aventura, la experiencia te dirá que te falta o debes renovar.
Al margen de la inversión inicial o intermedia de lo que cuesta equiparse, partiendo de la base de salir equipados con un mínimo de equipo apto para la temporada y estación del año que pensamos aventurarnos, lo realmente importante es el gasto del día a día. Transporte, alimentación, alojamiento e imprevistos.
En primer lugar, el transporte es una de las cosas que tendremos en cuenta para poder desplazarnos a la ida del punto de inicio y regreso desde el punto final. Lo ideal, y lo que me gusta a mí, es salir desde la puerta de casa caminando o pedaleando. En su defecto podemos desplazarnos con nuestro propio coche o transporte público, teniendo previsión de reservar el transporte de vuelta o si hemos aparcado nuestro propio vehículo en punto de regreso circular o ida y vuelta. Ya tenemos el coste para calcular del combustible y/o pasajes de transporte público que necesitamos para llevar a cabo nuestro objetivo. Aproximadamente unos 200€.
En segundo lugar, la alimentación o avituallamiento que contaremos durante la aventura, desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena. A mí me gusta hacer hasta 5 comidas al día, aunque sean pequeños apats, para no perder tiempo y no tener pesares de estomago. Hay alternativas muy variadas, desde comprar en supermercados o tiendas de barrio que es más económico y apoya al comercio local más que las franquicias de restaurantes o supermercados grandes, aunque conlleva ser un poco «cocinillas» y en algunos casos cargar con el menaje básico para cocinar. El coste puede oscilar de 10 o 20€ de compra para dos o tres días como mucho, siguiendo la misma política economica y saludable de la vida cotidiana, o irnos a los 30 o 40€ tirando de menús y restaurantes.
El alojamiento también ofrece diversas alternativas según el contexto y las necesidades, ya que podemos alojarnos gratuitamente en cualquier lugar, escogiendo adecuadamente un lugar discreto o permitido. Hasta contar con un presupuestoentre 5 y 15€ para albergues, 25 a 50 para hostales y de 50 para arriba en hoteles. Todas las opciones son igual de respetables y válidas para todos los intereses, le pese a la creencia limitante que le pese.
Además de lo anteriormente indicado, tenemos que tener en cuenta un pequeño colchón para imprevistos durante la ruta, en función de la distancia y las necesidades de la misma. Al menos reservar unos 100 o 200€ intocables y escondidos en algún bolsillo del equipaje, incluso a nuestro propio alcance. Debe ser una cantidad asequible para cubrir imprevistos, percances, desplazamientos de emergencia, averías, etc.
¿Cuándo cuesta financiar o patrocinar una aventura?
En esta vida nada es gratis y todo cuesta un esfuerzo remunerado, es ley de vida y quién diga lo contrario es un jeta y, además, miente como un bellaco/a. Hay dos formas de financiarse o patrocinarse una aventura o viaje; ahorrando con una o varias actividades laborales principales (cuenta ajena o autónomo) o buscando patrocinios y colaboradores, que vendría a ser otra forma de seguir trabajando de manera autónoma y hacer de nuestra pasión nuestro oficio.
Aunque los ahorros durante un determinado tiempo no son eternos, aunque estén previstos para un determinado tiempo con fecha de retorno a largo plazo, especialmente si no hay una fecha de vuelta prevista, hay que prever como hacer durar o alargar dichos ahorros en el tiempo y, por mucho que nos guste abrazar la incertidumbre, hay que tener una ligera idea como mínimo de retomar nuestro propósito de vida o cuál nos deparará cuando la aventura llegue a su fin en algún momento.
Tener un propósito definido es importante, aunque lo dejemos aparcado temporal o permanentemente, para no perder el norte o reubicarnos según vayan finalizando los proyectos más recientes. Tener una especialidad como base y unas ambiciones como proyectos, aunque sean temáticas diferentes, es vital para reintegrarse en las normas del sistema sociopolítico que regula a la sociedad. En mi caso, la especialidad de las nuevas tecnologías y la ambición de explorar el mundo en bicicleta, pudiendo dar soporte IT sobre la marcha y a mi reinserción al mundo laboral.
Además de contar un oficio y unas ambiciones, es importante jugar las normas del juego social para comunicar el papel que desarrollas y como puede aportar al resto de la sociedad, para que te valoren. Hoy en día, con las tecnologías y las redes sociales, es más fácil que nunca exponerse y transmitir conocimientos, recibiendo remuneración o monetización a cambio de un servicio que estás ofreciendo. Aún y así, todavía está mal visto decir que te ganas la vida en algunos sectores con la creación de contenido, cuando no deja de ser un oficio más, como el de sonido e imagen audiovisual.
Dicho esto, teniendo en cuenta el oficio y las ambiciones, hay que saber escoger las plataformas en las que exponerse para llegar a la audiencia deseada. Tener claro a que tipo de público queremos llegar o que nos compren nuestro producto, escogiendo RRSS en las que predominen un tipo de edad, el contexto y la temática laboral, relaciones, visualización, microblogging, blogs, vlogs o una mezcla de las más potentes que nos puedan interesar.
Y a partir de ahí, aceptar las condiciones y políticas para llevarnos el cheque. Incluso, crear contenido adicional y de calidad para recibir regalías, como cursos, asesoramientos, información documentada específica, etc. También, sustentar con trabajos artesanos, ambulantes o nuestro propio oficio en momentos puntuales para aumentar nuestros ingresos.
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