Existen ciertas patologías aventureras que pueden resultar más o menos significativas una vez que has vivido cualquier aventura pero, antes de vivirla, nadie se imagina lo que puede llegar a ser capaz cuando hay voluntad por explorar el mundo.
En primer lugar, quiero destacar que no encuentro diferencia entre viajeros, sean peregrinos, senderistas, aventureros, exploradores, será porque son lo mismo con otras intenciones y otras etiquetas. Pero, en esencia, todos tienen el mismo anhelo; explorar las rutas.
Podemos llamar las cosas de diferente manera, pero la acción es la misma; meditar en movimiento e improvisar sobre la marcha. Lo de reservar y comprometerse es más de pijigrinos o burgueses, igual de licito pero pierde valor la esencia y llegar a la meta por un objetivo religioso, sin animo de ofender, es muy dogmático. Dicho finamente.
Dime cuanto y cómo te expresas y percibiré lo que entiendes.
#ReflexionesNinja
La flechitis; necesidad compulsiva o casual de buscar o encontrar flechas amarillas por todas partes. Incluso cuando ya regresaste a casa.
Kilometritis: Osesión por preguntar «Cuantos kilometros faltan?» y descubrir que la respuesta del lugareño nunca coincide con la del GPS.
Sellitis: Ansiedad incontrolable por conseguirun sello en cada iglesia, bar, restaurante y alojamiento que aparece durante la travesía.
Gpsitis: Revisar el telefono o dispositivo cada 5 minutos, aunque lleves 20 minutos siguiendo las flechas amarillas.
Madrugatitis: Despertarse antes de que salga el sol… ¡¡voluntariamente!! Algo que jamás pensarías en un crucero de lujo.
Duchitis: Amor profundo e inexplicable por una ducha caliente después de una etapa larga.
Cervecititis: Extraña necesidad de hidratarse con una cerveza después de caminar 20 kilometros. Según los globeros «es para recuperar electrolitos».
Enchufitis: Entrar al alojamiento y antes de preguntar por la habitación, localizar inmediatamente donde están los enchufes y la contraseña WiFi.
Obradoiritis: Emoción incontrolable que se siente, mayormente los peregrinos, al llegar a la Plaza Obradoiro. Abrazos, lágrimas, fotografías… y la inevitable promesa de repetir el camino, incluso antes de terminar el actual.
Y la patología más peligrosa de todas, el síndrome postaventura (suele aparece cuando regresas a casa o pasas un tiempo indeterminado sin salir de aventura).
Extrañas caminar o pedalear todos los días.
Ves una flecha amarilla o señal de ruta y quieres seguirla.
La mochila o alforjas empiezan a hacerte falta.
Revisas las fotos, una y otra vez.
Y empiezas a preguntarte;
¿Cuando hacemos la próxima aventura?
¿Se os ocurre alguna cuentitis crónica más?
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