El Lenguaje Universal

Existen multitud de lenguajes para comunicarnos entre especies vivas, tanto verbales, gestuales o señales. Ello incluye tanto humanos, animales o plantas.

Los humanos hemos creado, desde los inicios de la sociedad, multitud de sonidos que dan forma a diversos idiomas según la respectiva cultura. Latín, Hebreo, Arameo, incluso se ha intentado globalizar el esperanto como lengua universal, actualmente el chino lidera el ranking por número de habitantes, el inglés por popularidad y el español o castellano por extensión imperial histórica. Y multitud de idiomas más antiguos y menos extendidos, algunos ya desaparecidos como el náhuatl o el quechua, otros se mantienen como el euskera o las lenguas derivadas del latín. Pero, al fin y al cabo, cualquier idioma sin restarle importancia cultural, no dejan de ser sonidos y signos que dan lugar a construir palabras y, a su vez, encadenadas forman frases y conversaciones.

El resto de animales también tienen sus respectivos idiomas, aunque no tengan la misma capacidad de raciocinio como los humanos, no quita su particular construcción de sonidos para entenderse o tratar de hacerse entender. Los cánidos ladran y aúllan, los felinos maúllan o rugen, etc. Luego están los réptiles que emiten lenguaje verbal acompañado de lenguaje corporal o señas. El lenguaje corporal o señal también usado por, especialmente humanos, mudos o sordomudos. El simple hecho de carecer de algún sentido no debe ser ningún impedimento de incapacidad, al contrario, es motivo de agudizar el resto de sentidos, por el bien de la supervivencia.

La música amansa las fieras e incita a los sumisos.

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Incluso las plantas y vegetales, si no emiten alguna clase de sonido, muestran signos que repercutan en sonidos o señas, por ejemplo; el movimiento en busca de la luz solar bien para generar fotosíntesis, bien para protegerse de las adversidades climáticas o para defenderse de sus depredadores o advertir a sus presas. Como es el ejemplo de los girasoles, plantas carnívoras o venenosas, etc.

En resumen, que si cualquier especie tenemos algo en común para comunicarnos y construir señas, son los sonidos. Y ahí es donde entra el papel de lo que, los seres humanos, conocemos como música. Si tuviera que definir la música, diría que tiene la capacidad de gestionar y equilibrar las emociones en función del estado anímico o los gustos que desarrolle un ser vivo. Y si, incluyo al resto de especies, no solo los humanos, cada cual a su biorritmo.  

Es por ello que, y está comprobado al menos entre especies de un mismo grupo como los humanos, para mejorar la comunicación o incluso aprender el lenguaje verbal de dos o más individuos con diferentes idiomas, basta con observar el lenguaje corporal y los hábitos, para asociar ciertas acciones con ciertos sonidos determinados. Mejorando también, de esa manera, el vínculo y, por lo tanto, la convivencia entre individuos y el resto de especies, ¿por qué no? De hecho, algunos métodos de aprendizaje de idiomas están basados en esta teoría de observar las señas y asociarlas a sonidos o palabras.

Si existe un lenguaje universal en el que podamos comunicarnos todos los seres vivos,

son los sonidos y las señas.

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