El Camino De Santiago está de moda, para bien y para mal, hace 20 años estaban mal vistas las travesías por la fama de vestir como pordioseros y de un tiempo a una parte se ha convertido en tendencia vestir hasta con la ropa sesgada.
La moda de turismo rural alternativo tiene sus pros y contras, por un lado es un impulso para la economía rural y, por otro lado, corre el riesgo de masificarse en exceso. Me recuerda a las locas ideas que nadie o pocos apoya hasta que la idea triunfa y cambian de opinión.
Las historias de superación están cada día más a la vanguardia, vanagloriándose de los resultados respectivos pero, el auténtico mérito es el esfuerzo cotidiano que no se ve; como cuando sigues adelante sin ganas ni moral o lo intentas una y otra vez hasta alcanzar tus metas.
Pero existe una raza de seres humanos que se cree superior al resto y con derechos respetables por el hecho de haber nacido humano o semi-Dios. También existe una raza artificial, desarrollada o gobernada por los primeros para generar caos y confusión en la vida real como en las redes virtuales.
Esta clase arrogante de humanos y bots, más conocidos como narcisistas, con el fin de alimentarse de las reacciones ajenas para alcanzar fortuna y gloria por la vía rápida, creando patrones propios o trampas emocionales con la doble intención de ser recompensados con el menor margen de error posible.
Dicho esto y aplicado al turismo rural o las travesías milenarias de peregrinación, obtenemos romerías masificadas en los últimos tramos o agencias de viaje que planifican automáticamente los puntos de interés con la finalidad de reconocimiento, más que de satisfacción personal, convirtiendo toda una experiencia espiritual en una especie de crucero ostentoso. Obteniendo las credenciales y certificados de recorrido como si fueran meras medallas finisher o premios de consolación al ego.
Pero, al margen de estratagemas reptilianas, la diferencia entre experiencias está en la intención. Mientras que las personas auténticas viven experiencias desde la espiritualidad y la satisfacción personal de superar sus límites para evolucionar. Las personas narcisistas lo viven con la misma finalidad que toda su trayectoria personal de conseguir reconocimiento social, porque el ego es la costra de sus heridas emocionales que les desconecta de sus emociones y no les permite llenarse de sensaciones como el resto de especies orgánicas sanas.
Aún y así, como especies orgánicas que son y se alinean una serie de acciones para que una persona narcisista acabe haciendo una travesía aventurera o el Camino De Santiago, aunque sea con ciertos lujos ostentosos y empujado por la inercia de alimentarse de alguna víctima empática, la experiencia espiritual no será en vano tampoco como el ajo para los vampiros.
Es por eso que una aventura de semejante envergadura, en función del nivel de improvisación y los días de duración, puede equivaler a X años de convivencia convencional que marque el despertar de una relación con un ser maquiavélico. Una película que desestigmatiza con humor esos prejuicios, al igual que en su día la comedia española «Al final del Camino», en este caso la recomendación nueva es italiana con «Buen Camino».
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