Roedores silvestres y sofisticados

Two panels showing mice in city and countryside settings, one busy and modern, the other calm and rural.

Las fábulas son cuentos populares para niños, representados con personajes de animales para que sean más amenos, con el fin de instruir educativamente unos determinados valores éticos y morales, a través de las moralejas. Las fábulas también podrían denominarse una especie de metáforas infantiles sobre el desarrollo de la vida en general, que suele dividirse en temáticas para ordenar la información. La productora Walt Disney es un referente en fábulas animadas.

Uno de los cuentos escritos más populares que más me gustaban durante mi infancia fue, y sigue siendo, «El ratón de campo y el ratón de ciudad«, Dependiendo la editorial o el narrador, cambia ligeramente algunos detalles poco relevantes, como el estilo, el parentesco entre ambos o el diseño pero, a grandes rasgos narra la perspectiva de vida entre un ratón de campo y otro de ciudad. En la manera de afrontar las adversidades, sobrevivir en cada medio respectivo, los ‘pros y contras‘, como alcanzar la tan buscada clave de la felicidad, que es, a fin de cuentas, de lo que trata la vida.

Cada cual es libre de sacar sus propias conclusiones pero, como residente de ciudad y campo por igual, me concede cierta potestad para argumentar esos ‘pros y contras‘ de ambos ambientes. Las ventajas de la ciudad es que goza de infraestructuras y comodidades que carece la zona rural, la cual tiene que esforzarse más autosuficientemente para autoabastecerse a corto plazo y gozar de cierta calidad de vida a medio y largo plazo. Mientras que en la ciudad, saltarse el proceso de autosuficiencia, genera las contras de perder habilidades por desuso.

En realidad, la vida en la ciudad y en el campo tiene cierta relación con las compañías y las soledades, mucha sofisticación puede ser tan contraproducente como las malas compañías y una soledad no deseada tanto como una vida rural mal gestionada. Sin embargo, un uso de las infraestructuras por necesidad es tan enriquecedora como las buenas compañías y una soledad aceptada o buscada es tan desarrolladora personalmente como el autoabastecimiento rural.

Personalmente, me gusta tanto la ciudad como el campo al igual que las buenas compañías como la vida solitaria, aunque es cierto que, cuanto más mayor me hago, más sencillo me vuelto y con la experiencia que me precede me siento más cómodo y realizado llevando una vida tranquila y humilde en una pequeña población, más que la sofisticación y el bullicio de una gran urbe. Aunque esto es ley de vida para todas las especies, incluida la raza humana que se deja invadir por la dispersión y las apariencias del ruido exterior.

Quizás, también, puede ser desde el punto de vista de la abundancia de haber vivido primero en la ciudad y después en el campo, al revés, la perspectiva cambie desde la carencia y sea completamente diferente u opuesta. Aunque, si bien es cierto, la educación y la cultura juegan un papel muy importante en la manera de como se afronta cada ámbito en cada respectiva etapa de la vida.

Al menos, desde mi posición, mis sensaciones de haber nacido y vivido primeramente 24 años en una gran ciudad como Barcelona y el extrarradio del Baix Llobregat, me ha permitido equilibrar el conocimiento desde varios ángulos sociales. Cambiar de aires y acabar viviendo, casi 20 años ya, en una zona rural despoblada como la España vacía me ha permitido, por un lado, empatizar un poco más con los lugareños que preferían luchar y disfrutar de su tierra, en lugar de «rebajarse» a emigrar a una urbe sofisticada, en teoría, con más facilidades y, por otro lado, habiendo aprendido unos valores primitivos para valorar esos pequeños detalles que acaban pasando desapercibidos con la cotidianidad automática de las grandes urbes, como escuchar el canto de los pájaros u observar los pequeños insectos sin impedirles la vida porque resulten molestos desde una perspectiva sofisticada.

Prueba de la decadencia que conllevan las ciudades es, a causa de esa sobreprotección progresista, cuanto más cómodo es el ser humano, más sibarita se vuelve con el riesgo que conlleva de la arrogancia y soberbia que suele conllevar pasar al lado oscuro. Mientras que, esa autosuficiencia de los pueblos estimula más la empatía y el desarrollo personal. Luego, excepciones las ‘haylas‘ en todas partes también.

Al final, las conclusiones del falso progreso de las ciudades es que, acaban resultando ser «cárceles» de asfalto para producir en un sistema de conveniencia social, cada vez son más narcisistas y desnaturalizadas de los valores primitivos y sencillos de la vida natural. Es delicado atreverse a decir como cambiar los estigmas porque siempre «el maestro aparece, cuando los alumnos están preparados» pero, sin duda, es necesario un poco más de introspección, reflexión y empatía para equilibrar el «super poder» de gestionar los pensamientos.


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