La improvisación no solo es un arte, sino que forma parte del instinto primitivo de los seres vivos orgánicos con sistema nervioso, como los humanos. Aunque, a medida que el ser humano ha ido evolucionando, también ha ido perdiendo facultades improvisadas por acomodarse en la zona de confort. Aunque no sea necesario salir de la zona de confort para una parte de la comunidad humana, no quita que otra parte de esa comunidad si que tenga que salir del confort, para seguir obteniendo la materia prima para transformarla en nuevos recursos y mantener los almacenes de avituallamiento.
Respeto a la gente que prefiere planificar, porque dice mucho del exceso de límites y prejuicios que cargan en sus respectivas mochilas invisibles. Pero, admiro mucho más a quienes anteponen la improvisación de tener el valor de afrontar la vida tal como viene, con lo bueno y con lo malo. Porque, aunque no tengamos la necesidad de esforzarnos, tenemos la responsabilidad de aprender a estimularnos, para estar preparados en caso de crisis existenciales. Si aplicamos la improvisación al deporte, la nutrición y el descanso, obtenemos el combinado perfecto de la eterna juventud y felicidad. Y si le añadimos un vehículo sostenible 100% como la bicicleta, obtenemos la formula perfecta para viajar; el cicloturismo o bikepacking.
¿Quién no ha planificado alguna vez un viaje en bicicleta al milímetro y algo ha salido del revés? Un pinchazo, un camino cortado o una tormenta inesperada. En ese momento, el estrés aparece. Sin embargo, cuando aplicas el arte de la improvisación, el viaje pasa de ser una ruta estropeada a convertirse en la mejor aventura de tu vida. El cicloturismo y la improvisación comparten el mismo corazón: la libertad absoluta. Viajar sin un guion rígido transforma por completo la experiencia de descubrir el mundo sin ataduras ni prejuicios.
Cuando viajamos en coche o en tren, vamos de un punto A a un punto B. En bicicleta, el viaje es el trayecto. Improvisar sobre la marcha nos permite; cambiar de sentido o desviarnos, solo porque hemos visto un sitiazo a lo lejos. Detenernos en un pueblo escondido que no aparece en las guías turísticas y acabamos descubriendo el edén de la gastronomía o las costumbres. Modificar los kilómetros diarios, en función de como respondan las patas y la patata o las adversidades climáticas.
El mapa propone y la ruta dispone.
#ReflexionesNinja
La actitud del «Sí, y además…» en ruta. En el teatro de improvisación existe una regla de oro: aceptar lo que propone tu compañero y construir sobre ello. En el cicloturismo, tu mejor compañero es el entorno. Si el camino planeado está embarrado, no hay que frustrarse, hay que pensar: «Sí, está embarrado, y además eso significa que exploraré el sendero forestal que vi antes». Esta mentalidad cambia el chip de «problema» a «oportunidad», de la misma forma que cambiar el concepto de «culpa» por «responsabilidad».
Conexiones humanas más auténticas. El turismo masivo nos aísla en hoteles y autobuses. La bicicleta, en cambio, nos expone al mundo de forma amigable y sostenible. Al improvisar dónde comer o dónde pasar la noche, terminas hablando con los lugareños. Son ellos quienes te recomendarán la mejor cocina local o el rincón secreto para ver el atardecer, lugares que ningún algoritmo de internet conoce.
Menos equipaje físico, más ligereza mental. Para poder improvisar con éxito en bicicleta, necesitamos viajar ligero. El exceso de equipaje limita nuestra capacidad de reacción, tanto física como emocionalmente, de ahí la metáfora de la mochila invisible. Al llevar solo lo esencial, como en el bikepacking, ganamos agilidad para cambiar de dirección en cualquier momento. Aprendemos a confiar en nuestras posibilidades, en los recursos que nos encontramos a nuestro paso y en desarrollar la capacidad resolutiva frente los problemas.
Consejos rápidos para el primer viaje improvisado. Planificar solo el inicio y el final: Dejar el intermedio abierto al factor sorpresa. Usar la tecnología a nuestro favor, llevando aplicaciones de mapas sin conexión y plataformas de alojamiento rápido, para utilizarlas solo cuando sea necesario. Abrazar la incertidumbre, si nos perdemos, hay que afrontarlo como si estuviéramos explorando una zona nueva, porque de eso es lo que se trata.
Cuando se prepara un viaje de cicloturismo, siempre hay que dejar un hueco libre. No para otra herramienta o prenda de ropa, sino para la flexibilidad. Precisamente para soltar lastre emocional o para que esa «mochila invisible» no lastre. También servirá para esos «por si acasos» eventuales del viaje, al contrario que los «por si acaso» habituales, se trata de llevar un hueco para las medallas que se recogen durante un viaje. Puede ser un souvenir, un obsequio, un útil añadido de imprevisto, etc.
Pedalear sin cadenas en las ruedas y sin cadenas en los planes,
es la verdadera definición de viajar.
#ReflexionesNinja
¡Nos vemos en los caminos!
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