Hay vida después del PN

El daño cerebral producido por un/a psicópata narcisista son los efectos colaterales de haber mantenido una relación social de amistad o sentimental con el abusador/a, en la que el interfecto proyecta sus miedos e inseguridades sobre su víctima, a la vez que absorbe sus cualidades para adquirir las habilidades que el abusador/a es incapaz de adquirir, consciente o inconscientemente, por su propia voluntad.

Neutralizando, a la vez, a su víctima para borrarla del mapa con el descarte, y haciendo creer a su entorno un cambio de roles estratégicamente premeditado, en la que la víctima parecerá que sigue proyectando los miedos e inseguridades que le ha transmitido su abusador/a, cuando trate de expresar sus emociones y malestar generado por el abusador/a. Parasitando así, sutilmente, más víctimas en efecto domino.

Mientras el/la psicópata narcisista intenta irse de rositas, antes que sea desenmascarado/a, luchará a contracorriente contra su peor enemigo; el paso del tiempo.

Tras la huída de la víctima o el descarte del narcisista, es importante mantener el contacto cero, es cuando empieza la recuperación física y emocional de la víctima en la que el cerebro va regenerándose poco a poco con la tranquilidad y la empatía que carecía cuando era agredido psicológicamente por el psicópata.

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