La clave de la actitud

Nadie sabe cuál es la clave del éxito porque, en realidad, la auténtica clave está en el interior de cada uno de nosotros y, para descubrirla hay que seguir la respectiva intuición o escuchar la vocecita de nuestro interior que grita en rebeldía, pero con respeto. Lo único que se sabe seguro, es que la clave del fracaso es intentar hacer feliz a todo el mundo, descuidándose a sí mismo.

Cada uno tiene su propia receta para poner en marcha el engranaje principal de su propósito. Los ingredientes principales son;

La insatisfacción; donde se detecta que algo no funciona bien, reflexionando con autocritica las preguntas correctas para detectar el kit de la cuestión o eje del problema.

Motivación: voluntad para iniciar el cambio que buscamos o esperamos en nuestras vidas. Identificándonos, en ocasiones, con alguna influencia externa que nos vernos reflejados, pero a nuestro estilo.

Voluntad: Perseverar en la idea motivadora de mantener la constancia para llevar a cabo nuestro objetivo.

Hábito: Cuando la suma de todos los ingredientes logra estabilizarse y mantener la constancia con el tiempo, como una costumbre más. Científicamente, se necesitan 3 semanas para alcanzar un hábito. Siempre y cuando se cumpla la constancia y especial cuidado al alcanzarla, por correr el riesgo de mantenerla y apalancarse.

Ya sea por primera vez, o por replanteamientos varios de poner los pies en el suelo para recuperar la locura, lo que nos mantiene alegres de vivir la vida con la ilusión del primer día o de la primera vez. Ley apta para cualquier aspecto de la vida.

En el caso que exista alguien o algo que nos absorba nuestra actitud, si es de manera inconsciente, trataremos de iniciar una comunicación con nuestro interlocutor o responsable de la mala acción para expresar asertivamente el mal que nos causa, y así tratar de ponerle remedio. Si por la causa que fuere, es imposible llegar a un acuerdo, actuaremos con más flexibilidad pero de igual manera que en el caso de ser un mal acto consciente,  indiferencia sin rencor.  Porque, independientemente de las intenciones reales, cada individuo tiene sus propios biorritmos de aprendizaje, para bien o para mal, y cada cosa ocurre por algo y por nada.

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