Instinto de supervivencia

Una de las emociones del instinto de supervivencia básico de los seres humanos, como especie animal del planeta, es la ira. Todos alguna vez hemos sentido algún tipo de ira, en mayor o menor grado, dependiendo de ello ha influido en tomar mejores o peores decisiones, consciente o inconscientemente. Eso es un hecho que demuestra que no somos tan diferentes. Lo que marca la diferencia en el momento de sentir ira, como en cualquier emoción, es tener el control racionalmente para que afecte lo más favorablemente a las respectivas decisiones.

La ira es una emoción que se produce como auto reflejo, más conocido como ansiedad, de nuestros miedos e inseguridades, físicos o emocionales, cuando la integridad de nuestra autoestima se ve en peligro por alguna situación que no es favorable a nuestros intereses o creencias. Independientemente de que ese peligro sea, más o menos, real o irracional. El grado de peligrosidad de una amenaza puede verse afectado por el nivel de nuestra cultura general, hábitos, entorno, educación, etc. En función de esto, se puede aprender a gestionar las emociones, concretamente la sensación de rabia, enfocándonos en algún propósito que nos satisfaga y/o sea productivo para el resto de la sociedad.

Para controlar la sensación de rabia o impotencia que produce una determinada situación, hay que observar con detenimiento en el momento que aflore dicha sensación, para valorar que y como la ha desencadenado, contraatacando con otra perspectiva más reflexiva que cuestione si merece la pena reaccionar tan agresivamente. No es fácil controlar las emociones porque todo sucede en cuestión de milésimas de segundos, especialmente la ira, porque se trata una emoción más visceral. Un método para controlar cualquier emoción es contar hasta 10, inhalando y exhalando aire de los pulmones para calmar cualquier tipo de tensión que nos pueda provocar dicha emoción, teniendo algo más de tiempo para digerir dicha emoción y reaccionar de la manera más calmada y apropiada posible.

El mejor remedio para no contener las emociones es expresándolas socialmente con asertividad, o bien, practicando algún tipo de actividad física, aunque sea en soledad. De esa manera, la válvula de la adrenalina dejará escapar la tensión que pueda generar cualquier situación comprometida o malintencionada, solucionando posibles altercados de la forma más racional posible. Por eso tener uno o varios propósitos de vida, ayuda a equilibrar nuestra autoestima y sentirnos útiles en armonía con el entorno.

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