Cómo (de)construir un hábito

Es muy corriente en psicología positiva escuchar que todo en esta vida es actitud, pero la actitud solo es la consecuencia de la acción y, por ello, quiero hacer una reflexión para desgranar todo el esfuerzo emocional que hay detrás de la actitud para emprender cualquier acción y, lo más importante, mantener la actitud.

Si tuviera que definir la actitud con mis propias palabras,  sería la perspectiva de observar el entorno con una visión receptiva y optimista de un niño que sabe mantener la ilusión en todo aquello que ve o toca por primera vez. Incluso en los peores momentos, siendo transparente y expresivo, con respeto, para aplicar o aportar lo aprendido con nuestro propio estilo, con la intención o sin ella de mejorar el entorno altruistamente sin esperar nada a cambio.

Porque no existen buenos o malos momentos, lo que existe podría dividirse en dos tipos de hechos; circunstancias y dramas. Cualquier acción a emprender requiere de un primer paso para que funcione, independientemente de que tenga éxito o no, intentarlo ya es lograr mucho más que no hacerlo. Quizá, las personas más negativas u optimistamente realistas, opinen lo contrario porque ¿de qué sirve intentar algo que no será satisfactorio, se quedará a medias o será un riesgo para nuestra integridad? La mayoría de esas opiniones son subjetivas e irracionales, porque nadie sabe lo que pasará en un futuro, a no ser que seamos adivinos o hayamos experimentado nuestro límites con anterioridad, en el segundo caso significa que ya habremos intentado ese primer paso con anterioridad.

Evidentemente que todo el mundo a lo largo de nuestras vidas tenemos y tendremos buenos momentos, no tan buenos y momentos horribles, es ley de vida. Y tenemos el mismo derecho a sentirnos mal como a sentirnos bien, ya que forma parte de los procesos de duelos o aprendizajes pero, como en cualquier aspecto, todo tiene un límite y en exceso puede ser tan contraproducente como siendo escaso. De ahí la importancia de buscar siempre el lado bueno de las cosas, incluso de lo más horrible, para intentar transmitir una buena imagen aunque sea por el hecho de no empeorar lo más horrible. Porque, los pesimistas estarán de acuerdo que, si algo va mal puede ir a peor (Ley de Murphy y supersticiones varias). Porque las cosas malas es más fácil obtenerlas porque no requieren tanto esfuerzo ni valor como para alcanzar las cosas buenas, y por eso merece la pena dar emprender el paso.

Así pues, con lo fácil que es desviarse por el camino, puestos a pasarlo mal, los malos tragos cuanto antes mejor y de tener la seguridad a pasarlo mal por el mal camino a la posibilidad incierta de no pasarlo tan mal o mejorarlo emprendiendo el buen camino, ya merece la pena intentarlo más que quedarse con la duda.  Y clave de mantener la ilusión del primer día por lograr nuestro objetivo, día a día sin obsesionarse con el futuro, por muy negro que sea no deja de ser incierto e irracional, porque el único tiempo del que depende el futuro es el momento presente para cambiarlo en función de nuestras decisiones aquí y ahora. Sin olvidar de porque empezamos a dar el primer paso, aunque sea fingido al principio con el tiempo iremos disfrutando del camino a medida que vayamos recogiendo pequeño frutos, siendo humildes y cautos para no desviarnos del camino. Así es como, siendo constantes al cabo de 66 días científicamente, habremos construido un hábito.

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