Teleducación

Los cotilleos y la curiosidad social están, cada vez más, a la orden del día. No soy nada partidario de los conocidos programas del corazón, de hecho desde bien pequeño siempre me he mantenido al margen de los corrillos del pueblo y del acecho del visillo. No obstante, intento respetar todos los gustos ajenos porque, por cuestionables que sean en ocasiones, no dejan de ser parte del instinto sociable del ser humano.

Pero considero que el formato televisivo del cotilleo se nos está yendo un poco de las manos. Hace años, con menos canales y una programación más escasa que en la actualidad, había más variedad si cabe. Donde convivían concursos de TV entretenidos, películas de ayer, hoy y siempre, dibujos animados con un trazo y argumentos decentes, e incluso algún programa periodismo que iba más allá de las noticias de actualidad.

Actualmente, en el siglo XXI, se han triplicado los canales de comunicación y el formato morboso de las entrevistas se ha extendido. Desde los típicos programas del corazón hasta los programas de actualidad como los debates políticos. Y no precisamente de manera discreta, sino incitando al populismo hasta llegar al discurso del odio como si fuera un patio de colegio, literalmente.

Los tertulianos que van a un programa del corazón a sacar los trapos sucios, a cambio de un salario de futbolista, por cierto. Algunos de ellos cuentan experiencias con un argumento educativo para visibilizar algunos malos hábitos normalizados y desfasados por la misma sociedad.  Sin ánimo de juzgar a nadie, tampoco considero que sea el lugar y muchos menos las maneras de ir a desahogarse, al menos sin la intención de hacer leña del árbol caído. Este tipo de programas morbosos emocionalmente, más que un aparente bien público, lo que se encarga es de contribuir a alimentar, todavía más, el discurso del odio.

En mi opinión, estaría mejor planteado si los presentadores fueran especialistas o estuvieran formados en alguna rama de la psicología para que la dirección de estos programas lo orientaran de manera más educativa para centrar la difusión de ciertos mensajes importantes más éticamente. De esta manera cumpliría la función educativa para refrescar los conocimientos que por naturaleza se adquieren o se transmiten a través de la educación primaria de los colegios y en los nucleos familiares equilibrados emocionalmente.

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