Morir es fácil, vivir requiere coraje.

La reflexión «Morir es fácil, para vivir se necesita coraje» tiene dos interpretaciones que me gustaría aclarar, especialmente para que sirva de ayuda a quienes estén pasando por un mal momento sin ver una salida, y para los haters que se aburren sacándole punta a todo menos a su cerebro, siendo parte del problema de las muertes fáciles.

Fragmento de Rurouni Kenshin – Capítulo 11

Suicidarse es de cobardes, dicho drásticamente, y para vivir se necesita coraje para afrontar las adversidades y los fracasos, aguantando los golpes de la vida, levantándose y aprendiendo a expresar las emociones para soltar presión sin explotar, como las ollas. Y para ello se requiere constancia, voluntad, fortaleza, por duro y difícil que parezca merece la pena y todos lo tenemos aunque no lo percibimos hasta que decidimos explotar. Porque si no explotamos y aguantamos, contando hasta 10 para mantener la calma, habremos superado la adversidad que creíamos invencible, pero no hay que bajar la guardia, pues la próxima adversidad siempre será más fuerte. Esto aplica tanto para los enfados como las frustaciones, ambos conducen al sufrimiento y la depresión sino ponemos remedio a tiempo.

Por el contrario, si despuntillamos la punta que sacan algunas personas, como queriendo interpretar el suicidio como la necesidad de conformarse con los problemas antes que seguir luchando para salir de la zona de confort, es ser demasiado derrotista porque estamos abandonando nuestros sueños por los cuales hemos sido tan fuertes hasta el momento en el que hemos decidido abandonar. No solo anota un tanto a nuestros rivales y las adversidades sino que, sobre todo, nos traicionamos a nosotros mismos por abandonar lo que nos hace felices al no saber encajar nuestros sueños con la realidad, y eso ocurre por dejarnos influenciar por «el qué dirán».

Por eso es tan importante trabajar nuestro desarrollo personal, dejar fluir nuestra intuición para detectar las banderas rojas y huir de lo que duele, independientemente de los apegos o las falsas modestias. Y lo más importante, conocer nuestras limitaciones para pedir ayuda a nuestro círculo más cercano o ayuda profesional, porque a veces es cierto que para poder cambiar los prejuicios o los roles, previamente, puede resultar más sencillo buscar la ayuda fuera.

En realidad no existen triunfos ni fracasos, buenos o malos, son el resultado de nuestras expectativas, la manera de afrontarlos y ello merece la pena vivirlos y sufrirlos porque nos hacen sentir útiles para aportar a la sociedad nuestro «mejor yo» que transmita conocimientos para que otros puedan aprender a anticipar con las herramientas necesarias que a todos nos faltan durante el proceso de la incertidumbre, aplicado a cualquier aspecto de la vida, e independientemente de la opinión ajena.

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