¿Miedo a la libertad?

A raíz de mis últimas reflexiones y la observación de los patrones sociales, he llegado a la conclusión de que el origen de los defectos del ser humano es producto de sus miedos e inseguridades. Hasta ahí, claro.

“El miedo es el camino hacia el lado oscuro, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento, y el sufrimiento al lado oscuro”.

Maestro Yoda (Star Wars)

El ser humano no nace aprendido y si no aprende las lecciones de la vida, está se las repetirá hasta que las aprenda a gestionar. De lo contrario, se mostrará reacio y temeroso a la libertad y a la confianza, incluso con los mismos de su especie creyendo que son un peligro para su supervivencia en el medio. Tal es así que, a través del razonamiento que ha concebido con los años, inventará contratos legales que firmar por escrito para tener que cubrirse las espaldas justificando sus necesidades naturales de apareamiento social para no perder sus privilegios materiales.

¿Qué triste, verdad? (pensé yo pa’ dentro).

Dicho conflicto interno, entre el instinto natural y el desarrollo del razonamiento, desequilibra las emociones y genera una serie de sentimientos incongruentes conocidos como apegos o dependencia emocional. Se requiere de cierto tiempo de aprendizaje para ser libre de dichos complejos, a través del sufrimiento visceral o de la meditación contemplativa, siguiendo el bioritmo natural de cada metabolismo.

Una vez se comprende el equilibrio natural de las cosas, hay dos caminos; el de transmitir los conocimientos adquiridos para alumbrar de sabiduría a quién tenga un bioritmo más lento, siempre y cuando se muestre mínimamente receptivo, de lo contrario es mejor guardar silencio para no alterar la paz interior y perder todo el proceso lento conseguido.

El maestro aparece cuando el alumno está preparado.

Lo peor de ser libre consciente es que eres repudiado por el resto de esclavos inconscientes que reclaman la misma libertad, pero sin dar un palo al agua. Supongo que sarna con gusto no pica y cree el ladrón que todos son de su condición. Así que, no merece la pena gastar energía  innecesariamente, pues el mejor juez es el tiempo.

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