Pocas veces suelo hablar de temas personales, tampoco tanto, en realidad son experiencias para superar nuestros límites y, cuando lo hago, suelo recurrir al sentido del humor y metáforas para reforzar las lecciones pendientes.
Todos tenemos un talón de Aquilés que nos hace sentir más vulnerables por el complejo que supone, complejos que a medida que experimentamos nos damos cuenta que no son tan limitantes como nos hacen pensar nuestras impulsivas expectativas, proyectadas por los prejuicios ajenos y las creencias irracionales sobretodo, al menos hasta que aprendemos a conocernos bien y encontrar nuestro lugar en el mundo.
Temet Muscet
Matrix (1999)
En mi caso, mi talón de aquilés es literal, se trata de la consecuencia de haber metido la pata, incluso antes de nacer. Supongo que estaría tan a gusto en el vientre de mi mamá, tan a gusto y tan burro que ya apuntaba maneras buscando la pose o nadando en el líquido amniótico, que me lesioné antes de salir al mundo.
Técnicamente me torcí el pie derecho por ponerlo en una mala pose, así nací con el pie equinovaro que le llaman. Por suerte, era demasiado pequeño para recordarlo o tener consciencia plena porque, según me han contado, las debí pasar bastante canutas y a mis padres les tenía con el corazón en un puño de preocupación.
Doy gracias al universo y a los Dioses del más allá por engendrarme en la mejor familia y entoro que podía desear alguien, porque me cuidaron y me cuidan como un rey, gracias infinitas.
El caso es que, después de varias operaciones y escayolas, antes de cumplir el año y la última cuando cumplí los 14 años, al menos el universo me regaló la oportunidad de conocer en personas a algunas de las figuras de mi equipo de fútbol favorito, el FC Barcelona, en una de sus visitas navideñas a los niños limitados parcial o totalmente del hospital de San Juan de Dios.

De hecho me sentí famoso durante algunos instantes y el más afortunado, al conocer en persona a la estrella futbolística Rivaldo Vitor Borba Ferreira. También, gracias a ese momento de popularidad, aprendí que la fortuna y gloria es tan fugaz como material y que, de la misma manera que tienes a la gente que te quiere cuidando de tí, también se acerca gente superficial que se arrima solo por interés.
En mi caso, la popularidad de salir en los medios por la visita del FC Barcelona, compartiendo foto con su mayor estrella, me ayudó a superar los prejuicios del bulling escolar causado por la misma resolución; la readaptación de mis facultades físicas ¿la única diferencia? que había salido en los periódicos con una estrella internacional, por lo demás seguía y sigo siendo el mismo de siempre, con las mismas virtudes y defectos que, antes y después de la fama, nadie se fijaba.
Quizá yo tampoco pusiera mucho de mi parte en adaptarme a una sociedad que ya empezaba a enfermarse desde el Neolítico y era cuestión de tiempo que explotará el libertinaje social durante el siglo digital.
El caso es que, a pesar de las limitaciones físicas, la peor limitación son los complejos y los prejuicios, y con los años he ído abrazando la incertidumbre aprendiendo que las limitaciones solo nos limitan cuando pretendemos compararnos o «permitir» que nos comparen con rivalidades y competencias.
Una vez asumidas mis limitaciones y mis ambiciones, tenía claro que no podría hacer las mismas cosas que otros hacían, en realidad, nadie puede hacer lo mismo que otros porque cada individuo tiene sus propias diversidades y habilidades, que bien avenidos suman y mal avenidos restan.
El cuerpo humano no es perfecto, es sabio, porque si lo escuchamos podemos aprender a regenerarlo y reciclarlo, como vehículo conductor del alma espiritual o mental. No son milagros ni magias, si no ciencia física y natural de verdad.
Quizá por eso, soy buen ciclista y mal caminante, porque la bici es como «mi silla de ruedas» para viajar y soportar la leve discapacidad que cataloga la medicina legal. Debido a ello, no puedo hacer el juego lateral del tobillo derecho, solo tengo la movilidad frontal necesaria para pedalear.
La auténtica competición es la aventura de vivir libre y abrazar la incertidumbre.
#ReflexionesNinja
20 años más tarde me volvería a lesionar de manera más artificial, aunque con estilo, la otra pata pero esa es otra historia que contaré en otro post.
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