El presidente de la Federación Europea del Camino de Santiago, Ildefonso de la Campa, cuestionó cómo se diferencia al «buen peregrino» del «mal peregrino» y apuntó que lo importante de la experiencia es el «viaje interior». «Ser democrático es dar libertad al viajero para que haga su peregrinación como él lo estime». Fuente Correo Gallego
Cada vez más la polémica está servida con el éxito del Camino de Santiago, cualquiera se cree peregrino por seguir una ruta milenaria pero no cualquiera lo es y no por no seguir las tradiciones conservadoras o ser más o menos hospitalario, sino por no encontrar «esa llamada interior» antes, durante o después de realizar el camino.
Al igual que el turista puede pecar de falta de ética, últimamente, los peregrinos de toda la vida tampoco están exentos de pecar por exceso de soberbia, algo que deja mucho que desear con esos valores intrínsecos del peregrinaje que presumen para preservar. Y es que, los que preservan el camino son los principales causantes de asesinar al Camino de éxito.
¿El peregrino agradece y el turista exige?
Hay que dejar que cada cual haga su propio Camino, sea el de Santiago, el del Cid o el de María Santísima, que cada cual sea selectivo con los consejos e información que encuentre y que cometa sus propios errores, porque es la única manera de aprender de verdad, ahora más nunca. De la misma manera que los peregrinos expertos deben reaprender a dar menos consejos y probar nuevas rutas que amplíen sus horizontes fuera de los caminos de Dios. Además, como para los creyentes cualquier camino pertenece al «creador», no deberían descartar ninguno y tampoco deberían abusar de la gula gastronómica.
Y no por el hecho de hacer el Camino diferente se es o no se es peregrino, como si estuviera ligado únicamente a seguir un objetivo religioso como la tumba del apóstol o cualquier otro itinerario/objetivo. Precisamente porque se dice que «lo que importa es el Camino y no la meta«, tercera contradicción. Cuando realmente el verdadero peregrinaje es la espiritualidad pura de la conciencia o voluntad interna de cada uno, como metáfora de la fe o líder religioso antes de ser manchado por una creencia dogmática.
¿Qué opináis vosotros? abrimos melón para romper estigmas…
No es más peregrino quién más camina o pedalea,
sino quién más medita en movimiento.
#ReflexionesNinja
Cada vez más, está surgiendo la dicotomía, nunca mejor dicho, entre distinguir la peregrinación como si fuera un pedigrí. Parece que si no sigues ciertas normas calixtinas no eres bien aceptado entre los más puretas.
Y la verdad, no me parece nada ético, ni de peregrino, la distinción que se hace, con el paso del tiempo, sobre la autenticidad peregrina como si lo trataran como un pedigrí y, aún menos, por ciertas eminencias jacobeas.
Precisamente los verdaderos valores de hospitalidad tratan de acoger a todos los peregrinos, tanto de larga, de media, como de corta distancia, aunque sean turistas. Al fin y al cabo un peregrino era el turista de antaño, los tiempos cambian y las denominaciones no dejan de ser denominaciones.
Además, parece haber cierta efusividad purista o nostálgica de defender los valores o camiño a capa y espada con cierta soberbia y rebajándose a la polarización turística para justificar que la hospitalidad y los donativos no son gratuitos. Eso tampoco es muy de peregrino.
Alegando que la autenticidad no se viste de marcas ni de pregoneros en redes sociales, al fin y al cabo, de lo que se trata es de compartir y transmitir dichos valores. Cuando, realmente, ni los puretas actuales no visten ni piensan como sus ancestros, ni creo que dichos ancestros se preocuparan tanto por como peregrinaban los demás, bastante tenían en preocuparse por sobrevivir que no era poco.
Otro tema candente y me atrevería a decir el causante de las tendencias es el patrimonio, creo que en la actualidad moderna hay un excedente de obsesión compulsiva con preservar el pasado, en lugar de saborearlo con respeto a quienes realmente lo viven 365 días al año, como son los lugareños.
En lugar de mejorar la convivencia entre instituciones, visitantes y lugareños, se debaten entre sí por repartirse los derechos históricos. Estamos convirtiendo el patrimonio en museos vivientes aunque, por suerte, en algunas poblaciones todavía quedan lugareños que mantienen sus costumbres, cada vez menos, pero haberlos haylos.
También hay cierta tendencia a darle cierta importancia o hablar del número de caminos, como si fueran medallas, en lugar de un CV, pero ¿realmente tiene tanta importancia o importa más la experiencia que se obtiene aunque se recorra menos caminos?
La verdad, yo prefiero contabilizarlo en rutas porque soy de empalmar varios caminos, porque ningún camino es mejor ni peor que otro, tan solo la importancia educativa que individualmente quiera representar, por propia satisfacción e inspiración colectiva.
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