Malas praxis de elite

No se si serán cábalas mías o qué, pero cuanto más rentabiliza una afición el ser humano, menos afición o deportividad muestra.

Es lo que vengo observando con el deporte rey, el fútbol, de un tiempo a esta parte y, últimamente, también con el ciclismo.

Por eso nunca me ha gustado, de manera instintiva, ver deportes en tercera persona, siempre he preferido practicarlos, a menos que tuviera alguna limitación por algo.

Como mucho, desde temprana edad he despertado únicamente gran interés por el FC Barcelona, o incluso el CD Guadalajara, el resto de partidos y clubs ni fu ni fa, y no será porque no lo haya intentado, cuando tratas de integrarte en un grupo social. En una ocasión, intenté cambiar de equipo por el Real Madrid CF, por llevar la contrario supongo, pero soy de ideas fijas y acabó en una moda pasajera.

Me acaba aburriendo y pierdo el interés, centrandome en otras cosas más personales y productivas, como el dibujo, la tecnología, mirar alguna serie o película de TV o irme a la calle a practicar algún deporte.

A decir verdad, con los videojuegos y las consolas me ha pasado algo parecido, quitando algún momento en auge por el vicio de algún juego concreto de futbol, de estrategia o arcade, no me ha durado mucho más de una semana antes de recuperar el control de mi vida.

Por eso con mis propias aficiones tengo momentos en los que voy rotando la intensidad en que las practico, para no quemarme demasiado supongo, con tiempo y organización se puede practicar todo aquello que mostremos interés productivo.

Pero lo que es un interés colectivo como los llamados deportes de elite, que suman millones de adeptos más que aficionados, influenciados por los productos de alto rendimiento que aprovechan a promocionar para ser como los deportistas de elite, llega un momento en el que evoluciona tanto el nivel de práctica, que se corre el riesgo de perder el norte y la razón.

Incluso cuando tienes la suerte de alinear la profesión y la afición, hay que marcar ciertos límites para no perder esa chispa de pasión que lo impulsa todo. Dándose pequeños respiros, alternando o simplemente tomándose algunas vacaciones sabáticas.

Tampoco quiero entrar en demasiados detalles, aunque podría por lo poco que entiendo de observar los deportes que he mostrado interés alguna vez, pero no quiero correr ese riesgo de ser un aprendiz de todo y maestro de nada, para caer bien o ser integrado por ciertos grupos sociales, porque así es como se crea la decadencia por fanatismo. Prefiero reservarme el conocimiento para cuando sea preciso aplicarlo.

Lo que más repulsa del deporte de elite es ese efecto decadente del fanatismo mezclado con los egos de la competitividad y rivalidades fuera de contexto, se pierde la deportividad cuando llega cierto punto en el que surgen debates sin pies ni cabeza, dando origen a sin sentidos de humor negro, incluso discusiones que terminan en violencia, apuestas y adicciones varias por consumo de estupefacientes, alcohol e incluso dependencias emocionales tóxicas.

A parte de los materiales y productos evolucionados con la excusa de los crecimientos de cualquier práctica fanática, hay que añadirle el de las nutriciones químicas falsamente naturales. Lo peor de todo es que la adrenalina y la dopamina que genera nuestro cerebro por esa falsa expectativa de llamar la atención, genera una disonancia cognitiva bastante narcisista que es la causante de “perder el norte y la razón”.

Por eso nunca hay que perder la esencia humilde de lo que nos motiva a practicar nuestras aficiones favoritas, aunque sea mantenimiento ciertos rituales primitivos, tanto en el deporte como en la vida general.

Por ejemplo, ¿de qué sirve obtener tantos patrocinios que faciliten materiales de cierta calidad con mayor ligereza, mientras nos matamos a entrar y mantenemos pico cerrado con dietas nutricionales químicas y dudosamente saludables? Si se utilizan materiales que facilitan las superación de adversidades, bendita la gracia, así cualquiera.

No puedo evitar que me venga a la mente, como diferencia de entrenamiento ciclista pro con materiales de carbono y geles «nutritivos» Vs cicloturista de alforjas con bocatas de lomo con queso, o jugadores de futbol entrenados en un gimnasia con máquinas Vs futbolistas brasileños dedicados toda su vida a jugar en la arena de la playa, al igual que los dibujos de anime Dragon Ball, cuando Son Goku se entrenaba con el metodo «dar cera, pulir cera» del maestro Mutenroshi, o con los contrapesos en el planeta del Dios Kaito.

Precisamente, lo que tiene mérito para superar las expectativas, es entrenarse físicamente, sudando la gota gorda, para ser capaces de superar y manejar cualquier adversidad del material y resistencia que sea.

No se trata de ser mejor que nadie,

sino la mejor versión de uno mismo.

#ReflexionesNinja

La típica excusa para detectar los patrones tóxicos adictivos del deporte de elite y los deportistas narcisistas es justificarse que son felices destacando y que » ellos controlan», como si de un yonki se tratara. Acusando, también, a quienes realmente son felices cuidando su linea y su ambiciones deportivas por simple devoción y menos notoriedad.


Descubre más desde The Kemix

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.