Las malas personas no van al infierno, van a las ciudades y las buenas personas se quedan en los pueblos.
Las malas personas no van al infierno, van a las ciudades y las buenas personas se quedan en los pueblos.
Dejar de fumar es más fácil de lo que la gente se cree y se justifica con sus inseguridades y excusas sociales para no salir de la zona de confort.
Es increíble como el tiempo puede ser tan preciso y oportuno cuando menos lo esperamos.
Hay que disfrutar la vida como un juego, no como una competición, porque nadie ha salido vivo de esta vida.
La gente que está más pendiente por el cambio ajeno, son las que más necesitan perdonarse. La clave está en desaprender lo que no aporta.
¿Es necesario terminar judicialmente por cualquier causa, ya sea laboral o personal?
Cuanto más consciente soy de la incon(s)ciencia social, más me cuesta hacer de tripas corazón por encubrir las complicaciones «como si fueran parte de la vida». Sin considerarme mejor o peor soy capaz de superarme y ser feliz, todos pueden a su respectivo ritmo.
Lo peor que podemos hacer, es darle demasiada importancia a las cosas que no procede dárselas.
Cuando logras explicar tu drama sin derramar una lágrima, entonces es que has pasado página.
Porque es importante mantener una actitud adecuada con uno mismo para reeducar la sociedad.
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